South America and the Caribbean

Más allá de las víctimas: cómo Fuerzas de Cambio y GENSAC están redefiniendo el debate sobre armas y género en la región

Por Katherine Aguirre

El evento Fuerzas de Cambio: Mujeres en Seguridad y Defensa de América Latina y el Caribe, organizado por UNLIREC y realizado en Lima en diciembre de 2025, reunió a especialistas, funcionarias públicas, investigadoras y profesionales que trabajan desde hace años en el control de armas, la seguridad ciudadana y el análisis del crimen organizado. Fue un espacio de discusión sustantiva y no un encuentro ceremonial: las participantes compartieron diagnósticos, experiencias institucionales y evidencia reciente sobre los factores que impulsan la violencia armada en la región. 

GENSAC estuvo presente en los debates, aprovechando la ocasión para distribuir la nueva edición del boletín Armas & Género, una coproducción de GENSAC, Amassuru y SEHLAC, alineada con el mismo propósito del evento: fortalecer el debate regional incorporando análisis técnico y perspectivas de género en un campo históricamente dominado por miradas parciales.

En el simposio, GENSAC estuvo representado por Katherine Aguirre, cofundadora de Amassuru e investigadora del Instituto Igarapé, quien participó en el conversatorio “El aumento de la militarización frente a los objetivos de la Agenda 2030 y la igualdad de género”. En su intervención, subrayó la urgencia de incorporar miradas feministas al control de armas y al debate sobre seguridad, señalando que estas agendas aún reproducen estructuras patriarcales que excluyen voces esenciales. También intervino Folade Mutota, directora ejecutiva del Women’s Institute for Alternative Development (WINAD) de Trinidad y Tobago, en el panel sobre la integración del desarme y el control de armas en la Agenda de Mujeres, Paz y Seguridad. Mutota destacó los avances y las limitaciones para implementar estas agendas en el complejo contexto de desigualdad, desarrollo restringido y violencia en el Caribe.

Folade y Katherine participaron en los Círculos de Paz, un espacio colectivo de reflexión sobre la paz y la seguridad para y desde las mujeres de América Latina y el Caribe. Allí se enfatizó el papel de las redes de mujeres como herramienta vital para proteger, apoyar y fortalecer a quienes trabajan en seguridad, desarme y análisis del crimen organizado en la región. En este espacio se remarcó que GENSAC actúa como un puente regional, capaz de articular conocimientos, acompañar liderazgos, promover investigación aplicable y generar condiciones para que más mujeres participen—y permanezcan seguras—en espacios históricamente masculinizados.

El programa incluyó paneles sobre liderazgo femenino en el control de armas pequeñas, desarme nuclear, militarización y desigualdad de género, además de WomenTalks con experiencias desde Perú, Colombia, El Salvador y el Caribe. Los Círculos de Paz, realizados en paralelo en español e inglés, ofrecieron un espacio íntimo donde mujeres de toda la región reflexionaron sobre qué significa la seguridad en sus territorios y cómo sostienen prácticas de paz en contextos de violencia creciente. 

Los debates llevaron a concluir que hablar de mujeres y desarme no es un gesto simbólico ni una consigna. Es la consecuencia de un diagnóstico claro. Durante décadas, el análisis de las armas se construyó desde parámetros masculinizados: propietarios hombres, violencia entre hombres, instituciones dirigidas por hombres y políticas formuladas desde intereses tradicionalmente masculinos. En ese marco, las mujeres fueron ubicadas casi exclusivamente como víctimas. Hoy, ese enfoque resulta insuficiente y distorsiona la realidad. En América Latina, las armas afectan a las mujeres de manera diferenciada tanto en el ámbito doméstico como en el comunitario, y las mujeres participan, además, en múltiples roles que han sido sistemáticamente subrepresentados: en las fuerzas públicas, en investigación criminal, en prevención comunitaria, en diseño de políticas públicas y, en ciertos casos, incluso dentro de estructuras criminales. Ignorar estas complejidades es diseñar políticas sin perspectiva situacional.

Estas ideas también están recogidas en el boletín Armas & Género, a partir de un diálogo con el académico Peter Squires que resume bien la urgencia del tema: reducir la discusión a la dicotomía entre victimización femenina y supuestos discursos de “empoderamiento armado” no explica la realidad regional. Las relaciones de las mujeres con las armas están mediadas por la desigualdad, las normas sociales, las dinámicas de poder, la violencia doméstica, las economías ilegales y las respuestas institucionales que no siempre protegen. La pregunta central no es si las mujeres enfrentan riesgos, sino cómo las armas modelan esos riesgos y qué implica eso para la formulación de políticas de seguridad.

En este punto, el trabajo de GENSAC aporta una capa adicional de rigor. Mientras Fuerzas de Cambio visibiliza la historia, el liderazgo y la trayectoria, GENSAC contribuye con herramientas técnicas que explican por qué el control de armas con perspectiva de género no es un enfoque “alternativo”, sino un criterio operativo indispensable. No es teoría. Seminarios recientes organizados por GENSAC en Panamá con instituciones de México y Centroamérica demostraron que la incorporación del análisis de género en temas como trazabilidad, autorizaciones del Tratado sobre el Comercio de Armas (TCA), obligaciones de la Convención Interamericana contra la Fabricación y el Tráfico Ilícitos de Armas de Fuego (CIFTA) o mecanismos de marcaje permite mejorar la precisión de las evaluaciones de riesgo y la capacidad institucional para prevenir desvíos.

En Lima, la distribución del boletín Armas & Género complementó este esfuerzo. Su contenido ofrece datos actualizados sobre feminicidios con armas, dinámicas de armas en el hogar, marketing dirigido a mujeres, participación femenina en las instituciones armadas y respuestas estatales heterogéneas. Lo que en Fuerzas de Cambio se conoce por experiencia profesional, el boletín lo refuerza con evidencia: las armas no afectan por igual a todas las personas y la política pública pierde eficacia cuando desconoce estas diferencias.

Ambos procesos convergen en una conclusión fundamental. La idea de que un mayor acceso a las armas incrementa la seguridad, un discurso extendido en las Américas , carece de sustento empírico. Allí donde circulan más armas, aumentan los homicidios, la violencia intrafamiliar, los suicidios y los conflictos letales. Y como se advierte en el análisis recogido en el boletín, proponer que las mujeres se armen para “equilibrar” riesgos solo reproduce la lógica de la amenaza: en la práctica, las armas suelen volverse contra quienes se supone que deben proteger.

Si el propósito es formular políticas efectivas, la neutralidad de género no es un punto de partida válido. Es un sesgo. Las mujeres enfrentan, analizan y responden a la violencia armada desde posiciones distintas y no reconocerlo significa ignorar información clave para la toma de decisiones. La evidencia generada por expertas, investigadoras, organizaciones y redes como GENSAC debe ocupar un lugar central en el debate público y en el diseño de políticas de seguridad.

El encuentro en Lima dejó un mensaje inequívoco: hablar de armas sin incorporar el enfoque de género es omitir la mitad del problema. Y hablar de género sin entender el funcionamiento real del mercado de armas, su regulación y sus impactos es renunciar a influir en uno de los fenómenos que más determinan la seguridad en la región.

Beyond Victims: How Women Forces of Change and GENSAC Are Redefining the Debate on Arms and Gender in the Region

By Katherine Aguirre

In early December 2025, women specialists, public officials, researchers, and professionals who have been working for years on arms control, citizen security, and organized crime analysis gathered in Lima, Peru, to take part in the Women Forces of Change Symposium, organized by UN Regional Centre for Peace, Disarmament and Development in Latin America and the Caribbean (UNLIREC). This was a space for substantive discussion rather than a ceremonial gathering: participants shared diagnoses, institutional experiences, and recent evidence on the factors driving armed violence in Latin America and the Caribbean. 

GENSAC took part in the discussions, using the occasion to distribute the new edition of the Armas & Género bulletin, a joint production of GENSAC, Amassuru, and SEHLAC, aligned with the same purpose as the event: strengthening the regional debate by incorporating technical analysis and gender perspectives in a field historically dominated by partial viewpoints.

At the symposium, GENSAC was represented by member Katherine Aguirre, co-founder of Amassuru and researcher at the Igarapé Institute, who participated in the roundtable “Rising militarization and its implications for the 2030 Agenda and gender equality.” In her remarks, she emphasized the urgency of incorporating feminist perspectives in arms control and security debates, noting that these agendas still reproduce patriarchal structures that exclude essential women’s voices.

Folade Mutota, Executive Director of the Women’s Institute for Alternative Development (WINAD) of Trinidad and Tobago, and GENSAC’s Regional Focal Point for the Caribbean, also participated in the panel on integrating disarmament and arms control into the Women, Peace and Security agenda. Mutota highlighted the progress and limitations in implementing these agendas within the complex context of inequality, limited development, and violence in the Caribbean.

Folade and Katherine also participated in the Peace Circles, a collective reflection space on peace and security for and by women from Latin America and the Caribbean. Speakers emphasized women’s networks as a vital tool for protecting, supporting, and strengthening those working on security, disarmament, and organized crime analysis in the region. It was noted that GENSAC acts as a regional bridge, capable of articulating knowledge, supporting leadership, promoting applied research, and creating the conditions for more women to participate and remain safe in spaces historically dominated by men.

The program included panels on women’s leadership in small arms control, nuclear disarmament, militarization, and gender inequality, as well as “WomenTalks” featuring experiences from Peru, Colombia, El Salvador, and the Caribbean. The Círculos de Paz, held in parallel in Spanish and English, offered a constructive space for women from across the region to reflect on what security means in their territories and how they sustain practices of peace in contexts of increasing violence.

The debates led to the conclusion that speaking about women and disarmament is not symbolic or a slogan. It stems from a clear diagnosis. For decades, analysis on arms was built from masculinized parameters: male firearms owners, violence between men, male-led institutions, and policies formulated from traditionally masculine interests. Within this framework, women were positioned almost exclusively as victims. Today, this approach is insufficient and distorts reality. In Latin America, arms affect women in differentiated ways both in the domestic sphere and in communities, and women also play multiple roles that have been systematically underrepresented: whether in public security forces, criminal investigation, community prevention, or public policy design—and, in certain cases, even within criminal structures. Ignoring these complexities means designing policies without situational perspective.

These ideas are also reflected in the Armas & Género bulletin, beginning with a dialogue with scholar Peter Squires, which effectively summarizes the urgency: reducing the discussion to the dichotomy between female victimization and supposed “armed empowerment” discourses does not explain regional realities. Women’s relationships with weapons are mediated by inequality, social norms, power dynamics, domestic violence, illegal economies, and institutional responses that do not always protect them. The central question is not whether women face risks, but how weapons shape those risks, and what this implies for security policymaking.

At this point, GENSAC’s work contributes an additional layer of rigor. While Fuerzas de Cambio makes histories, leadership, and trajectories visible, GENSAC contributes technical tools that demonstrate why gender-responsive arms control is not an “alternative” approach but an operational necessity. This is not merely a theory. Recent seminars organized by GENSAC in Panama with institutions from Mexico and Central America showed that incorporating gender analysis in issues such as tracing, Arms Trade Treaty (ATT) authorizations, Convention Against the Illicit Manufacturing of and Trafficking in Firearms, Ammunition, Explosives, and Other Related Materials obligations, or marking mechanisms improves the accuracy of risk assessments and institutional capacity to prevent diversion.

In Lima, the distribution of the Armas & Género bulletin complemented this effort. Its content offers updated data on femicides involving firearms, firearms dynamics in the home, marketing targeted at women, women’s participation in armed institutions, and diverse state responses. The bulletin reinforces, with evidence, what many already know through experience: arms do not affect all people equally, and public policy loses effectiveness when it ignores these differences.

Both processes converge in a fundamental conclusion. The idea that greater access to firearms increases security—a discourse widespread across the Americas—has no empirical foundation. Wherever more arms circulate, homicides, domestic violence, suicides, and lethal conflicts increase. And as the analysis in the bulletin warns, proposing that women arm themselves to “balance” risks only reproduces the logic of threat: in practice, weapons often turn against those they are supposed to protect.

If the aim is to design effective policies, gender neutrality is not a valid starting point—it is a bias. Women face, analyze, and respond to armed violence from different positions, and failing to recognize that means ignoring key information for decision-making. Evidence generated by women experts, researchers, organizations, and networks like GENSAC must occupy a central place in public debate and in the design of security policies.

The meeting in Lima left an unequivocal message: speaking about arms without incorporating gender is omitting half the problem. And, speaking about gender without understanding the actual functioning of the arms market, its regulation, and its impacts is to give up influencing one of the major challenges determining security in the region.